El poeta observa la foto de un ministro en un periódico de Uruguay. Está exultante y se ríe y es esta risa la que le hace sentir al poeta que la persona que muestra el periódico no es nadie especial, que es un hombre cualquiera. Cuanto más mira la foto, más piensa en lo que le hace sentir el ver esa foto. Los muchos problemas de su país.
En una exacta
foto del diario,
¡Señor ministro
del imposible…!
vi en pleno gozo,
y en plena euforia,
y en plena risa,
su rostro simple.
¡Seré curioso,
señor Ministro!
¿De qué se ríe?
¿De qué se ríe?
De su ventana,
se ve la playa…
¡Pero se ignoran
los cantegriles!
¡Tienen sus hijos
ojos de mando,
pero otros tienen
mirada triste!
¡Aquí, en la calle,
suceden cosas
que, ni siquiera
pueden decirse!
¡Los estudiantes
y los obreros
ponen los puntos
sobre las íes!
¡Por eso digo,
Señor ministro!
¿De qué se ríe?
¿De qué se ríe?
Usté conoce
-mejor que nadie-
la ley amarga
de estos países.
Ustedes… ¡duros
con nuestra gente!
¿Por qué con otros
son tan serviles?
¡Cómo traicionan
el patrimonio,
mientras el gringo
nos cobra el triple!
¡Cómo traicionan
usté y los otros!
¡los adulones!
¡y los seniles!
Por eso digo,
¡Señor Ministro!
¿De qué se ríe?
¿De qué se ríe?
Aquí, en la calle,
sus guardias matan.
Y los que mueren
son gente humilde.
Y los que quedan
-llorando rabia-
seguro piensan
en el desquite.
Allá en la celda,
sus hombres hacen
sufrir al hombre.
Y eso no sirve.
Después de todo,
¡Usté es el palo
mayor, de un barco,
que se va a pique!
¡Seré curioso,
señor ministro!
¿De qué se ríe?
¿De qué se ríe?
(M. Benedetti)
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