Hojas secas del otoño,
que el viento ayuda a caer,
sedientas de sabia fresca,
sin raíz donde beber.
Moribundas y sin rumbo,
a la tierra os pegareis,
doblegándoos al peso,
de tantos viajeros pies.
Heridas y desangradas,
pronto la muerte será,
que convertidas en polvo,
la vida os liberara.
Y en futuras primaveras
el viento os hará cantar.
Ángeles Martín Millán