Declamación: Ángeles Martín Millán
Niño querido de mi alma,
recién te pusiste de pie,
teniendo una cama rica,
temor y hambre en tu poder.
Una parte de tu fuerza,
de tu furia se alimenta,
otra, la mas tierna,
herida agoniza de tristeza.
Del miedo nace la alerta,
del hambre astucia y recelo,
del menosprecio el orgullo,
de la escasez el anhelo.
Aquel tronquito derecho,
que broto de dos amores,
y el cielo colmo de dones,
no tiene ningún derecho.
Nadie le ofrece agua limpia,
nadie respeta su espacio,
nadie celebra su asombro,
nadie apuesta por su risa.
Niño hermoso, luz divina,
de una madre desvalida,
o muerta por la codicia,
del poder que hoy la domina.
Vagabundo sin amparo,
el mundo ves como un circo,
la impotencia en el obrero,
la indiferencia en el rico.
Creces torcido y sediento,
alimentado por odio,
por desconfianza y orgullo,
que es tu sagrado alimento.
Cuanto habrás de respetarte,
cuanto habrás de quererte,
y vencer a tus demonios,
para por fin tú florecer.
Ángeles Martín Millán
Etiquetas: Ángeles Martín Millán