Que ciego es el hombre
queriendo la prisa,
que no se complace
gozar del momento,
de todo el aliento
de una suave brisa.
Que torpe la infancia
lenta e indecisa,
que no escucha el eco
que deja su risa.
Que lenta la escuela...
Que ignorante prisa,
por llegar primeros
a un lugar incierto
que aún no se divisa...
Cuan confuso estuve
soñando en mañanas,
sin ver que el presente
mis sueños bordaba.
Ángeles Martín M.