¡Padre nuestro! ¡Padre santo!
En el cielo donde vives…
¿No se escucha nuestro llanto,
ni nuestras quejas recibes?
Ese edén está lejano
y, ahora ya, no te respeta
quien lleva al género humano,
a su destrucción completa.
Tu nombre santificaron
los humildes terrenales.
¡No! Los que te ejecutaron
tras las torturas brutales.
¿Con qué fin has entregado
poderes sacerdotales,
a quien “perdona el pecado”,
mas… no erradica los males?
¡Tu reino no es de este mundo!
Entonces… ¿Quién nos creó
y, en un planeta errabundo,
a su suerte abandonó?
¡Hágase tu voluntad!
¡Que la rectitud gobierne!
¡Que cese la indignidad
que hoy, en la Tierra, se cierne!
El pan nuestro, lo ganamos
con lágrimas… ¡Con sudor!
Cada día que pasamos,
nuestra vida va a peor.
La hambruna provoca estragos.
La sed mata por millares.
La maldad, por estos pagos,
arruina vidas y hogares.
¡Nunca! nos dejes caer
en la ostentación falaz,
de quien malmete el poder
por la avaricia voraz.
Un poder que daña a miles
y un dinero que, a otros tantos.
Crueldades, delitos viles…
¡Que llenan los camposantos!
¡Líbranos siempre del mal!
¡Siembra la paz en la tierra!
¡Destrúyeles su arsenal,
que es el germen de la guerra!
¡Implanta tu autoridad!
¡Que la ley sea respetada
y que reine la verdad!
¡Que tenga, la gente honrada,
paz, trabajo y Libertad!
Luis Arranz Boal