La belleza de una rosa
quise yo siempre pintar,
sus hojas de terciopelo
de belleza sin igual.
Y al quererla retener
en el pliego que elegí,
el viento le hizo vibrar
toda su imagen gentil.
La faz vuela hacia el cielo
orgullosa y sin recato,
desprendía su aroma
inundando el prado.
Mi admiración aumento
y el sol la fue inundando
la pluma seguía quieta
el papel seguía blanco.
En un golpe de viento
la flor se doblo tanto
que yo temí un instante
ver sus hojas volando.
La mano posó inerte.
y el corazon parado
al comprender que pintada
su belleza iba matando.
Me olvide de mi ambición
y la miré confundida,
yo la amaba de verdad
no era esa mi osadía.
¡Era una rosa tan bella!
toda ella era milagro
y opté por recordarla
vigorosa en su tallo.
16/10/23
Ángeles Martín Millán
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